Epistemología y cultura científica_Tarea 7 Más sobre la cultura científica

En esta tarea de la asignatura de Cultura científica se nos pide que hagamos un análisis de las diferencias entre la Tercera cultura de C.P. Snow y Brockman. Hay que leer las fuentes, pero, sin embargo, la mejor lectura con diferencia han sido las críticas de Gould y Jon Umerez. A veces sorprende la ingenuidad o la pobreza intelectual de autores que sembraron cátedra. 

Por ejemplo, Snow, en su primer escrito sobre la necesidad de una tercera cultura, genera (como bien critica Gould) una falsa dicotomía, con hombres de paja sobre todo en el lado de los humanistas, que él llama “intelectuales”. A los que define como personas conservadoras sino fascistas, “antisociales”. Ignorando es en la ciencia biológica donde surge todo el movimiento eugenésico y racista que desemboca en el nazi-fascismo y el holocausto. Dice “¿No contribuyeron todos ellos (los intelectuales-humanistas) a que Auschwitz fuese algo mucho más inminente?” ¡Qué barbaridad histórica! ¡Qué sesgo cientificista! Por eso “él dio la espalda al arte y procuró abrirse un camino nuevo”. 

Luego hace un “#NotAllIntelectuales” de manual de Twitter, un estoy diciendo que los intelectuales humanistas nos han llevado a la 2a guerra mundial y el holocausto pero la tecnociencia no, aunque no todos son así de nazis. 

La ingenuidad del análisis aumenta inversamente proporcional a su capacidad análitica materialista. No deja de ser curioso entre el cientifismo lo idealistas que son en cuanto tienen que hacer un análisis medianamente objetivo de las dinámicas históricas. Y es que según el cientifismo (escépticos se hacen llamar) el problema de la (supuesta) polarización entre humanidades y ciencias exactas tiene que ver con la comunicación, con el diálogo, que no hay buen rollito buddy. Me recuerda al coaching de las empresas. Corazones y unicornios. 

El mayor desarrollo científico-tecnológico de la historia de la humanidad en apenas unas décadas, impulsado por la industria militar, una guerra mundial hipertecnificada que mató a unos 20 millones de hombres para sucederle en menos de 20 años una debacle económica y otra guerra mundial aún más tecnificada. Todo eso no tuvo nada que ver para que la crisis de fe hacia la ciencia (que era sinónimo de progreso) no se viera respaldada o atacada por unos u otros. Era una cuestión de diálogo. Bueno, más bien de escucha de unos (los derechosos humanistas) por parte de los que podían sacar al “hombre” de la pobreza: los científicos. 

“Los científicos traían ya el futuro en la masa de la sangre”. Aunque son un poco incultos, leen poca literatura. Aunque son “el conjunto de intelectuales más sanos que tenemos”. Es un análisis que en la actualidad no superaría un comentario de texto de 4º de la ESO. Insinúa que los intelectuales están envidiosos de los científicos (que en realidad confunde con los físicos) por sus nóminas. Cualquier adolescente sabe que hoy en día buena parte de la mano de obra científica (el 85 %) apenas llega a fin de mes, tiene que acudir a bancos de alimentos o incluso vive durante años en tiendas de campaña

Pero él lo reconoce “ andarse con mayores sutilezas reportaría más desventajas de lo

conveniente, y no vale la pena.” Más bien da pena. 

A ver, no es una cuestión solo de “comunicación”, también es muy importante la enseñanza. Ya saben, todo al final se resume en que los planes de enseñanza no son los adecuados. De nuevo, un análisis materialista de los Aparatos ideológicos de Estado que deja a Althusser como un escolar. Porque hay que especializar la enseñanza «si hemos de cumplir nuestros cometidos prácticos en el mundo». Miedito me dan saber cuáles son esos cometidos. 

Menos mal que llega Stephen Jay Gould en Érase una vez el zorro y el erizo y hace un análisis materialista y dice, todo es una falsa dicotomía y una panda de hombres de paja.

Porque cuando añadimos el peso del juicio consciente a una división sencilla en apariencia, convertimos la dicotomía formal en una distinción moral de bueno y malo, una transición que fácilmente puede degenerar más todavía en tragedia política, o incluso en genocidio, cuando lo bueno y lo malo se intensifican” “especialmente cuando en los momentos honestos nos vemos obligados a admitir que … el acceso diferencial a las plazas de aparcamiento, más que los temas serios de contenido intelectual, suelen hallarse en la base de la intensidad de los sentimientos expresados.”

Llama a la conferencia de Snow “insulsa” y si se hizo “famosa”, aunque no leída, fue por los contraataques de determinados literatos de un modo más o menos ad hominem. El resultado fue la construcción de sendos hombres de paja para la creación de una guerra donde no la había. 

En mi opinión Brockmann y Snow, aunque con diferencias ideológicas, forman parte de la arremetida cientifista de la postguerra donde el humanismo es tachado por Brockmann de “reaccionario” porque “un intelectual de los 90 no puede basarse en Freud o Marx”. En la ciencia (realmente quieren decir tecnología) está la salvación de la humanidad. Esta propaganda llega hasta nuestros días con iniciativas como Ciencia en el parlamento, que con una fachada inocente pretende eliminar los debates políticos y sociales de cuestiones como el cultivo de OMG o la prohibición del glifosato o el BPA. Ya que en teoría son cuestiones únicamente técnicas, como si sus defensores y los centros de investigación de donde salen esos datos técnicos no tuvieran conflictos de intereses y sesgos. 

Tanto Snow como Brockman parten de una falsa dicotomía para defender la ciencia como la salvadora de la humanidad. Snow llega al ridículo cuando “argumentó realmente que el final de la pobreza se conseguiría mediante poco más que la educación adecuada de un número suficiente de científicos e ingenieros locales: una solución tecnológica sencilla, fácilmente realizable en pocos años.” (Gould). Como si la política no tuviera nada que ver. Me viene a la cabeza la defensa del arroz dorado por divulgadores de Naukas, ignorando la política, la economía, el mercado, etc. 

De Brockman me quedo con esto: “otros de los sesgos identificables en la propuesta de Brockman, que no podemos desarrollar aquí y que tampoco se encuentran en la versión implicita de Snow: egolatría, cientifismo, reduccionismo, americanismo, etc.”

Una nueva tercera cultura tendrá que surgir de democracias radicales, donde realmente la ciudadanía pueda controlar todos los ámbitos de sus vidas (producción, distribución, educación, sanidad, etc.), y donde surja un humanismo racionalista inclusivo y tolerante con la diversidad epistemológica. Esta nueva tercera cultura debe reconocer varios aspectos de la racionalidad humana: la incertidumbre, la espiritualidad, los sesgos, la primacía de lo política sobre lo técnico, y que no todo lo que se puede hacer se debe hacer. 

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